San Isidro

San Isidro

San Isidro nació en Madrid, durante el periodo de la Reconquista. Está muy ligado al trabajo agrícola, ya que durante su vida realizó esta labor.

Se cuenta que labraba duramente la tierra todos los días, pero también acudía todos los días a recibir la Eucaristía y dedicada muchas horas a la oración.  Su devoción fastidiaba a algunos de sus compañeros, quienes un día lo acusaron de absentismo ante uno de sus patrones.

Se dice que mientras estuvo ausente, ocupado en sus oraciones en una iglesia, un par de ángeles bajaron del cielo, tomaron el arado y dirigieron los bueyes para cumplir con la labor encomendada al piadoso campesino. Fue así que cuando el patrón llegó, encontró todo en orden y los acusadores quedaron en ridículo.

Su piadosa vida culminó cuando el Santo tenía aproximadamente 90 años de edad.

De inmediato comenzó a ser venerado y empezaron a atribuírsele milagros. A San Isidro se le invoca para obtener buenas cosechas y regular las lluvias.

Fue canonizado por el papa Gregorio XV en 1622

El 15 de mayo, cada año, tiene lugar la famosa fiesta patronal madrileña: San Isidro Labrador. Los madrileños convertidos en chulapos chulapas celebran con alegría y emoción la fiesta del santo patrón de Madrid.

La pradera de San Isidro, ubicada en el barrio del mismo nombre, reúne a los madrileños, familias y grupos de amigos de todas partes de España, e incluso otros países, se dan cita en este espacio para celebrar sus fiestas. La feria suele durar entre cuatro y cinco días teniendo como núcleo el 15 de mayo

La tradición castiza y la historia ocupan un papel muy importante en estos días. San Isidro es el santo que más ligado está al elemento más importante del cosmos; el agua.  La costumbre, que se remonta al siglo XVIII, es acudir a la romería el 15 de mayo y beber el “agua del santo” que emana del manantial que se encuentra a las orillas de la Ermita de San Isidro.

San Isidro Labrador nace en Madrid el 4 de Abril de 1082. Es el patrono de los agricultores del mundo. Cuando trabajaba como jornalero, dividía su salario en tres partes; una para los pobres, otra para la iglesia y otra para él y su familia. Famoso por tener el don de encontrar agua con facilidad. Los manantiales fueron marcados como lugares mágicos, y el agua se convirtió en un bien tan preciado como podía ser el propio oro.

Su mujer, también santa, fue una campesina conocida por el nombre de Santa María de la Cabeza, a la que se concedió este apodo porque en semana santa, en tiempos de sequía, su cabeza es exhibida en rogativas durante la procesión.

La gastronomía es sin duda otra de las protagonistas. El paseo hasta la Ermita suele estar repleto de puestos artesanales, en los que podemos encontrar comidas típicas cómo las famosas rosquillas del santo, que las tenemos de dos tipos; las tontas, sin recubrimiento, y las listas, que tienen por encima un rico glaseado de azúcar.

También tendremos la oportunidad de probar las rosquillas de Santa Clara, las francesas y las de la “Tía Javiera” y “Fuenlabrada” conocidas por estar engarzadas en un cordel de cáñamo. Los “torraos”, las garrapiñadas y las manzanas caramelizadas son otros dulces típicos de la feria.

Otra tradición muy típica es el baile. Los chulapos y chulapas deleitan a los asistentes más tímidos con bailes regionales en la Plaza Mayor y en la ya mencionada pradera de San Isidro, aquí el absoluto protagonista es el chotis.

Otras opciones son las ferias taurinas para los amantes del toro, ya que la FERIA es la más grande del mundo, en la que se dice que si triunfas en San Isidro se abren todas las puertas del mundo del toreo